Tonight! Charles returns to Spain to conduct the OEX in music by Weber and Woyrsch



Programa 12 Temporada de conciertos 2021-2022 Surcando el río Elba 21 de abril Badajoz 22 de abril Cáceres

ORQUESTA DE EXTREMADURA VÍCTOR DÍAZ GUERRA CHARLES OLIVIERI-MUNROE PROGRAMA 1. Carl Maria von Weber. Oberón. Obertura (1825-1826) Carl Maria von Weber. Concierto para clarinete nº 1 en fa menor, op.73 (1811) Allegro Romanza: Andante Alla polacca Víctor Díaz Guerra, clarinete

2. Felix Woyrsch. Sinfonía nº 1 en do menor, op.52 (1907) * Sehr mässig bewegt Sehr langsam In ruhig schreitender Bewegung/Schnell und leicht Sehr langsam/Sehr bewegt Charles Olivieri-Munroe, director * Primera audición por la Orquesta de Extremadura

Weber ocupará la primera parte del concierto y podremos deleitarnos con la obertura para su cuento de hadas Oberón y el estupendo Concierto para clarinete número 1. Todo fluye como un caudal inagotable, rotundo y alegre. A continuación, podremos redescubrir a Woyrsch. Su Primera Sinfonía nos hará recordar el lirismo de su amigo Brahms y notaremos la influencia del dramatismo mahleriano.

Notas al programa La capital sajona de Dresde, en Alemania, tiene en la Ópera Estatal (Semperoper) a su principal e imponente referente musical, operístico y cultural. Wagner estrenó en el teatro a orillas del Elba algunas de sus mejores y más importantes composiciones, como Rienzi, Tannhäuser o El holandés errante y Richard Strauss haría lo propio con Salomé, El caballero de la rosa y Elektra. Toda esta narración queda resaltada por la contribución especial de Carl Maria von Weber (1786-1826), maestro de capilla elogiado por Richard Wagner y creador del Coro del edificio de Gottfried Semper, autor de El cazador furtivo, el cuento de hadas Oberon y unos estupendos Conciertos para clarinete y orquesta. A nuestro autor le encantaba el sonido del clarinete y de los instrumentos de viento en general, dedicando estas piezas concertantes y tremendamente expresivas a su amigo Heinrich Bärmann. Escuchar dos de las más significativas obras de Weber nos llevará a disfrutar y (re)descubrir a Felix Woyrsch (1860-1944), también vecino de Dresde durante algún tiempo. Nació en una zona entre la antigua Prusia y Austria, que a día de hoy pertenece a la República Checa, y siempre se dejaría seducir por las aguas del Elba, que nutre los prósperos terrenos de la antigua Bohemia, enriqueciéndola en lo material y regándola con buenas músicas. Su Primera Sinfonía, llamada la Baja Alemania en referencia a los paisajes y los habitantes de la zona norte del país, nos hará recordar el lirismo de su amigo Brahms y notaremos la influencia que Gustav Mahler y Anton Bruckner ejercieron sobre él. Carl Maria von Weber ocupará la primera parte del programa que nos ofrecerá el director de orquesta Charles Oliveri-Munroe, titular de la Philharmonie Südwestfalen y de la North Czech Philharmonic, junto al sobresaliente clarinetista cacereño Víctor Díaz Guerra. Carl Maria von Weber. Oberón. Obertura Nacido en Eutin y fallecido lejos de su tierra, en Londres, Weber estudiaría con Michael Haydn en Salzburgo. Desde muy pronto se le dio bien la gestión teatral con cargos desde los dieciocho años de edad en Breslau, Karlsruhe, Praga y el imponente Teatro de la Corte sajona (1817). A partir de esta etapa sería kapellmeister en la capilla de Sajonia, con sede en Dresde, ocupando un cargo vitalicio que le hizo reformar el estilo vigente en toda Europa. Weber está considerado el padre de la ópera romántica alemana. Berlín vio el estreno de su ópera más representativa, El cazador furtivo (1821), mostrando la cultura germánica en pleno apogeo y distanciándose de las corrientes italianas y francesas. Euryanthe (1823) y Oberon (1826) se anticiparon a otros autores y, más que a ninguno, a Richard Wagner. Weber cubrió numerosas facetas, como crítico musical, pianista de renombre internacional y director de orquesta de prestigio. Siendo primo de la mujer de Mozart, Konstanze, su futuro parecía estar prefijado. La ópera en tres actos Oberon, que toma los temas orientalizantes de Abu Hassan (1811), se estrenó en el Teatro Covent Garden londinense el 12 de abril de 1826 dos meses antes del fallecimiento de su autor, víctima de la tuberculosis, cuando contaba 39 años de edad. Estamos ante un cuento de hadas similar al de El sueño de una noche de verano de Felix Mendelssohn, cuya premier tuvo lugar ese mismo año. Weber, pese a ser recordado como el autor de El cazador furtivo (Der Freischütz), tiene en Oberon una leyenda lírica, como dijo Alejo Carpentier, “con una magnífica obertura, una deliciosa marcha de jenízaros y dos o tres arias que anuncian a Wagner”. Oberon, rey de los silfos en un universo mágico, quedará definido por el oboe y los demás instrumentos de madera. Cada personaje está representado por una melodía con un simbolismo específico. Preciosos serán los temas de Huon de Burdeos, a manos del clarinete, y la amorosa sonoridad a través de los violines de la hija del califa, Reiza. Así como en su Cazador, el bosque simbolizaba las fuerzas de la naturaleza, aquí será el océano con el mar de Inglaterra el escenario perfecto para su narración. Queda dividida en dos partes, una introductoria y un desarrollo de la misma. La primera nos recordará a Wagner, con el sonido inicial de las trompas (emulando los cornos), se irán sumando las cuerdas y la flauta aportará magia al resultado final. Los instrumentos de metal se aliarán a los violines hasta dar peso a la melodía con la llegada de los violonchelos. La segunda parte, nos llevará a una música tarareable, efusiva y de un frenesí mendelssohniano, con la calidez de las maderas y los stacattos de la cuerda. Carl Maria von Weber. Concierto para clarinete nº1 en fa menor, op.73 A principios del año 1811, Carl Maria von Weber se encontró con el virtuoso clarinetista Joseph Heinrich Bärmann (Baermann), en Darmstadt. De su relación de amistad y pasión por la Música nacerían el Concertino opus 26 y los dos Conciertos opus 73 y 74, con el clarinete como instrumento solista. De parecida imaginativa fue la creación del Quinteto, fechado en 1815. Este primer Concierto para clarinete y orquesta, opus 73, de Weber está considerado como una obra más elaborada que la del mismísimo Mozart, contando con el apoyo del rey de Baviera que habría comisionado el evento como muestra de afecto y cariño del público muniqués y que tenían en Bärmann al fabuloso clarinetista de la Orquesta de la Corte bávara. Comienza con el primer movimiento, un Allegro en el cual los violonchelos tomarán las riendas y marcarán el ritmo de la música, y a los que se irán incorporando los demás instrumentos de cuerda, las maderas y los timbales, con la acentuación del metal. El concertino dará la entrada al clarinete, el instrumento solista de la obra, y su preciosa melodía. Se irán sucediendo temas antes escuchados. Uno no puede dejar de pensar en el parentesco de Weber con la mujer de Mozart, apreciándose muchas similitudes a lo largo de su escucha. Se requiere de un solista con destreza y virtuosismo porque su discurrir parece imposible. Las trompetas aportan un halo colosal al cierre del movimiento. A todo ello se sumarán los fagotes, flautas y oboes para realizar una serie de variaciones sobre el tema principal. El clarinete parece trasladarnos a las orillas del río, con la brisa al atardecer, el murmurar del bosque y el crujir de las hojas. El colorido orquestal nos parecerá único. El segundo movimiento, será un Adagio ma non troppo, haciéndonos pensar de nuevo en el genio de Salzburgo. Qué delicadeza, que discurrir melódico y qué suavidad. Estamos ante una página sublime cuyo fluir nos animará a la contemplación y al disfrute. Las trompas, tan presentes en la música germánica, aportarán una armonía perfecta. Se vuelve a un sentimiento íntimo, pasando de lo enérgico a lo dramático. Un Rondó-Allegretto servirá de movimiento final, con un tono burlón, danzarín y acelerado. Parece una explosión de color, mediante una serie de escalas complejas, juegos y malabares del solista y la orquesta. Felix Woyrsch. Sinfonía nº1 en do menor, op.52 Felix Woyrsch nació en lo que actualmente conocemos como República Checa, en la ciudad de Opava (Troppau, en alemán). Sería la capital de Silesia y se la reconoce como la región de Moravia. Fue parte del Reino de Prusia con la regencia de los Habsburgo y con el tiempo, llegó a integrarse en el Imperio austríaco. Cuando contaba tan solo con seis años de edad, Woyrsch tuvo la desgracia de ver fallecer a su padre. Ese hecho marcaría su vida. Iría a parar a Dresde, como le sucedió a Weber, atrapados por el Elba y su vida cultural. Pasados los años, terminará residiendo en Hamburgo, en lo que hoy en día se conoce como el animado barrio de Altona y que llegó a ser una ciudad en sí misma. Su actividad se centraría, principalmente, en la dirección coral y como organista. De su afán investigador y autodidacta se le atribuye la siguiente frase: “Aprendí composición de Beethoven y Haydn. También le debo mucho a Schubert y Schumann, así como a Brahms y Wagner. Instrumentación la estudié gracias a Berlioz y he escuchado por aquí y por allá, por todos los sitios donde había algo útil que aprender”. El director de orquesta granadino Miguel Ángel Gómez Martínez dio a conocer la Sinfonía número 1 de Felix Woyrsch, compuesta entre 1906 y 1907, en una estupenda lectura que llevó a cabo junto a la Orquesta Sinfónica de Hamburgo, para el sello MDG, en el año 1995. Recientemente la mostró al público madrileño con la Orquesta y Coro de Radiotelevisión española. La segunda parte del concierto se centrará en esta composición, estrenada el 18 de marzo de 1908, en Altona y con la Orquesta de la Sociedad de Amigos de Hamburgo. Queda estructurada en cuatro movimientos, el primero y el último de algo más de diez minutos de duración y los centrales, no superarán los nueve. Inicia la Primera Sinfonía con Sehr mässig bewegt (Muy moderadamente agitado), en una estructura clásica, a modo de sonata y con una sonoridad temperamental muy bruckneriana, al unísono orquestal. La cuerda aportará una preciosa línea melódica cercana a Brahms. Presenciaremos una amalgama sonora embriagadora, con un cierre portentoso. El segundo movimiento, Sehr langsam (Muy lento), nos sumergirá en un aura de misticismo y recogimiento casi religiosos gracias a los violines y a la expresividad de las maderas, seduciéndonos desde el inicio. Parece que estuviéramos ante una ensoñación del compositor, a modo casi de poema sinfónico, con entidad y carácter propios. Con el tercer tiempo, In ruhig schreitender Bewegung/Schnell und leicht (En movimiento tranquilo, caminando/Rápido y ligero), nos ofrece un intermezzo que retomará el tono oscuro del inicio, como si fuera escrito desde lo más profundo del alma. Las cuerdas graves responderán a las agudas en una preciosa melodía, casi sugerida. Irá en una progresión de menos a más, haciendo que a su término se torne heroica y con un mayor dinamismo. Finalizará con el cuarto movimiento, denominado Sehr langsam/Sehr bewegt (Muy lento/Muy agitado), en el cual los metales entonarán su fanfarria y se volverá al Allegro en forma de sonata. Una cuerda en estado de gracia nos llevará al lamento del oboe y a la belleza de la flauta. Parece un pasaje escrito por Brahms con la magnitud de Bruckner o de Mahler, mediante una paleta de colores de trazo grueso y detalles de pincel. Para el musicólogo sajón Hermann Kretzschmar (1848-1924), el final de esta obra “atestigua lo mejor de la individualidad y significación del compositor, de su inclinación por los contrastes, de su potente naturaleza, de su temperamento ardiente y emotivo, y de la orientación popular de sus ideas musicales más íntimas”. © Jaime Arroyo Moya Jaime Arroyo Moya es un comentarista musical que colabora habitualmente con publicaciones especializadas y como conferenciante. Trabaja en un departamento de Música y es un viajero difusor de la Cultura. Víctor Díaz Guerra Víctor Díaz Guerra (Cáceres, 1996) inició sus estudios de clarinete a los 7 años de edad con el profesor Alejandro Parejo en el Conservatorio Hermanos Berzosa de Cáceres, donde finalizó en 2013 obteniendo el Premio Final de Grado y el Premio Nacional de Enseñanzas Profesionales de Música. Prosiguió los estudios superiores de música con el profesor António Saiote en la Escola Superior de Música, Artes e Espectáculo de Oporto, Portugal, donde se graduó a la edad de 19 años. En mayo de 2018 finalizó los estudios de Máster de Música en Colburn School, Los Angeles, Estados Unidos, con el profesor Yehuda Gilad. Actualmente compatibiliza sus estudios de Artist Diploma con este mismo profesor y en la misma escuela, con conciertos de música de cámara, orquesta y recitales. Víctor se ha convertido en el primer clarinetista español premiado en el prestigioso Carl Nielsen International Competition (Dinamarca) con el tercer premio en 2019. Además, ha sido reconocido con el primer premio en concursos nacionales e internacionales como International Clarinet Association en Assisi, Italia (2013); European Clarinet Association en Katowice, Polonia (2014); y Pasadena Showcase Instrumental Competition en California, Estados Unidos (2016). Ha actuado como solista en orquestas como la Polish National Radio Symphony Orchestra, Copenhagen Philharmonic, Colburn Orchestra, y Orquesta Joven de Extremadura. Víctor ha ofrecido recitales en Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, y diversos países europeos como Portugal, Suiza, Italia, Dinamarca o España. Además, ha estrenado obras de compositores como Esa-Pekka Salonen y Guillermo A. Iriarte, y sus actuaciones han sido retransmitidas por cadenas como medici.tv, la Radio Nacional Polaca, o la página oficial de Facebook the Buffet Crampon América Latina. Gran apasionado de la música de cámara, ha colaborado con artistas como Noah Bendix-Balgley, Denis Bouriakov, Albert Cano Smit, Rodolfo Leone, Viano String Quartet y Dahlia String Trio. Además, colabora habitualmente con el pianista sevillano José María Villegas. Víctor ha sido invitado por orquestas como Los Angeles Philharmonic o la Orquesta de Extremadura, y ha sido miembro de Colburn Symphony Orchestra, Pacific Music Festival Orchestra, y Orquesta Joven de Extremadura. Con ellas ha actuado bajo la dirección de Valery Gergiev, Michael Tilson Thomas, Matthias Pintscher, Ludovic Morlot, Andrés Salado, Esa-Pekka Salonen, Marin Alsop, Stéphane Denève, James Conlon y Christoph Eschenbach, entre otros. Ha recibido clases magistrales de importantes clarinetistas como Martin Fröst, Michel Arrignon, Philippe Cuper, Juan Ferrer, Wenzel Fuchs, Boris Allakverdyan, Stephen Williamson, Burt Hara, Florent Héau y Pascual Martínez. Charles Olivieri-Munroe Charles Olivieri-Munroe es uno de los directores de orquesta más destacados y con una carrera más internacional de la actualidad. Ha dirigido a algunas de las principales orquestas del mundo, como la Filarmónica de Israel, la Nacional Rusa, las Sinfónicas de Montreal, Toronto y New World, la Sydney Symphony Orchestra, la Berlin Deutsches Symphonie-Orchester, Czech Philharmonic, St. Petersburg Philharmonic, Danish Radio Symphony, Munich Symphony, las Filarmónicas de Stuttgart y Varsovia, la Budapest Symphony entre otras muchas. Con una importante carrera en la región de Asia Pacífico, recientemente ha dirigido conciertos en Japón, Corea, China, Vietnam y Tailandia. Charles Olivieri Munroe ha trabajado con solistas como Angela Gheorghiu, Krystian Zimerman, Joseph Suk, Maxim Vengerov, Joshua Bell, Mischa Maisky, Shlomo Mintz, Ivan Moravec, Sol Gabetta, Gabriela Benacková o Joseph Calleja, entre otros. Muy solicitado también como director de ópera, debutó en la ópera dirigiendo Falstaff en Berlín. Desde entonces, sus trabajos han incluido Don Giovanni en Milán, Evgeny Onegin en la Alte-Oper de Frankfurt, Aida en el Festival Lago di Como, The Rake’s Progress en Varsovia, Il barbieri di Siviglia en el Teatro de la Ópera de Poznan y también producciones en la Sydney Opera House, el Teatro Fenice de Venecia y Amsterdam. Entre sus proyectos recientes se encuentran de Otello en el Teatro Nacional de Belgrado y Le nozze di Figaro en Hong Kong. Nacido en Malta, Charles Olivieri Munroe creció en Canadá, donde estudió piano en el Conservatorio Real de Música y en la Universidad de Toronto. Tras su graduación en 1992, ganó tres becas de Ontario para estudiar con Otakar Trhlik en la Academia de Música Janácek en Brno. También estudió con el célebre director Jirí Belohlávek. A mediados de la década de 1990, pasó dos veranos en la famosa Accademia Musicale Chigiana en Siena estudiando con Yuri Temirkanov, Myung Whun Chung e Ilja Musin.